viernes, abril 13, 2007

“Tengo un esclavo que recuerda por mí”

Su software diseñado a medida, MyLifeBits –“fragmentos de mi vida”– guarda cualquier cosa a la que Bell pueda echar mano. De cada correo electrónico que envía o recibe, cada documento que teclea, cada sesión de chat en la que se mete, cada página web por la que navega, se recoge una copia y se almacena. MyLifeBits graba sus llamadas telefónicas y archiva cada fotografía –hasta mil diarias– que toma su SenseCam, el aparato que lleva alrededor del cuello. Incluso ha almacenado todo su pasado: las enormes pilas de documentos de su carrera de 47 años en informática, primero como ejecutivo millonario y después como funcionario gubernamental de Internet, han sido recopiladas y escaneadas. La última vez que hizo la cuenta, MyLifeBits tenía más de 101.000 correos electrónicos, casi 15.000 documentos en Word y PDF, 99.000 páginas web y 44.000 fotografías.
Este cargamento ha dotado a Bell de la habilidad para llevar a cabo hazañas de memoria casi sobrenaturales. Puede rastrear los contenidos precisos de una nota que estuvo sobre su escritorio hace 30 años. Sabe con quién se cruzó por la calle cuando iba a trabajar hace cuatro semanas. Y cuando alguien pone en duda sus recuerdos sobre una llamada que hizo el día anterior, puede terminar la discusión poniendo en marcha el audio y escuchándola de nuevo. Al instante.
También le da a su mente, declara, la oportunidad de tener más energía para el pensamiento creativo. Pero esto es un arma de doble filo. Bell sospecha que MyLifeBits podría estar degradando lentamente la habilidad de su cerebro para recordar con claridad. Cuando tienes una mente externa haciendo ese trabajo, tiendes a perder práctica. “Es como la aritmética”, dice. “¿Quién la practica hoy? Hay calculadoras para eso. Sé que puedo hacer divisiones complejas, pero hace mucho que no las hago”.

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